Con la maleta a cuestas

Con la maleta a cuestas

Un elemento esencial en la vida de cualquier intérprete es la maleta. En nuestra profesión, a diferencia de quien se centra preferentemente en la traducción escrita, nos toca viajar con mayor o menor frecuencia fuera de nuestra ciudad de residencia y base de operaciones.

En ocasiones, la gente de nuestro entorno nos comenta lo divertido que tiene que ser viajar tanto, descubrir sitios nuevos y no subirse únicamente a un tren o a un avión para las vacaciones de verano. Es cierto que viajar por trabajo hace que conozcas lugares a los que quizá no irías habitualmente por placer. Sin embargo, la otra cara de la moneda es que, normalmente, tienes poco tiempo (o ninguno) para ver nada aparte del recinto donde tiene lugar la conferencia o el hotel. Porque sí, estamos de viaje, pero estamos trabajando.

Hace poco me ocurrió algo que quizá para un turista normal no acarrearía demasiados problemas, pero sí para quien viaja por trabajo: mi maleta no llegó a tiempo al aeropuerto de destino. Para una vez que facturo maleta en vez de llevar equipaje de mano, pensé para mis adentros. El primer avión al que tenía que subir se retrasó considerablemente y el tiempo de conexión entre vuelo y vuelo fue inexistente: me tocó correr como alma que persigue el diablo por medio aeropuerto Charles de Gaulle. Yo llegué con el tiempo justo para embarcar, no así mi maleta.
El principal problema no recibir o no una indemnización o no, sino tener que trabajar al día siguiente sin saber qué te vas a poner. A pesar de las promesas de la compañía, que me aseguraba que mi maleta llegaría sana y salva al hotel esa misma noche, desconfié. No podía arriesgarme a presentarme en cabina con la ropa de viaje del día anterior, por lo que fui al centro comercial más cercano para comprarme unos trapitos. Por suerte, la reunión en la que tenía que trabajar era relativamente informa: un polo de verano y unos pantalones fueron suficientes.

Finalmente, la maleta llegó al hotel esa misma noche sana y salva, tal y como me habían prometido. Las compras que realicé fueron innecesarias… ¿pero y si me hubiera arriesgado a no comprarme nada? ¿Me habría tenido que meter en cabina con pantalones cortos y sandalias de verano?

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